jueves, 29 de enero de 2015

El viaje de nuestras gatas

Y por fin llegó el día. El día de hacer honor al nombre de nuestro blog. El día en que nuestras gatas usarían por primera vez sus pasaportes. El día en que saldrían fuera de España y conocerían otras tierras. El día que llevabamos tiempo esperando ... y temiendo.

La mecánica es bastante sencilla. Algunas (pocas) compañías aéreas te permiten llevar tu mascota contigo siempre y cuando pesen menos de 8 kilos y quepan en unas determinadas dimensiones. te cobran un canon y te las llevas en los pies. Deben ir en un transportín flexible y, a priori, no pueden ir juntas.

Para hacerles el viaje mas llevadero, utilizamos un tranquilizante en pastilla. Un trozito para cada una. Como ya teniamos cierta experiencia, usamos una malta con miel para mezclar el polvo de la pastilla, se lo colocas en las patas (a la fuerza por supuesto) y aunque les apeste mucho, les puede el instinto y mas tarde o mas temprano se chuparán la pata para limpiarse (mejor temprano que tarde ...).

No hay que olvidar el pasaporte. Si, el pasaporte, perros y gatos necesitan un pasaporte en que estén perfectamente identificados, diga que llevan puestas las vacunas obligatorias y el chip de identificación (obligatorio en la UE). Es paradójico que de Cartagena a Palencia puedas llevarte tu perro si quieres comidito de garrapatas y sin una sola vacuna pero para pasar la frontera se pongan superfinos. Será que pensamos que los animales en el extranjero están peor cuidados que los nuestros.

 Muse, felina europea hembra, blanca y parda

Cuqui (Daisy), felina europea hembra

Elegimos Vueling y el trayecto Valencia-Bruselas y una vez alli un coche de alquiler para viajar a Fisch, unas 2h 30m en avión y otras 3 horas en coche, 4 maletas y las gatas. Casi ná.

El carrito listo en el aeropuerto de Manises

Hay dos momentos que son sin duda los peores. El primero es el paso del control de seguridad. El transportín debe pasar por el scanner y claro, lo que va dentro. Asi que como no queremos que les salga un tercer ojo por la radiación no te queda otra que sacarlas ... en medio del control, el sitio más estresante del aeropuerto vamos. Primero no quieren salir, se agarran al transportín por dentro con todas sus fuerzas y una vez fuera se agarran a ti con todo lo que tienen como diciendo: "no me vayas a soltar aqui por la gloria de tu madre o me muero de un infarto". Nos las vimos y las deseamos para volverlas a meter en el transportín porque no se nos soltaban. Muse iba ya algo drogada y cedió antes pero Cuqui aun no se había chupado mucho y si pudiera hablar nos habría dicho de todo menos guapos....

Pasado el control, no sabían aun lo que se les venía encima, pobres

El segundo peor momento es cuando estás ya embutido en el avión con el transportín a tus pies y el avión empieza a andar. Ahí se pusieron a maullar cada una a su estilo: soul, rock, flamenco, hondo, hip-hop, etc... Cuqui intentaba romper la redecilla del transportín con las uñas... En fin todo un sufrimiento, algo aliviado por el efecto de la pastillita que se les empieza a notar con la dilatación de las pupilas.
Máximo espacio y comodida en cabina

El aterrizaje tampoco fue una perita en dulce, pero comparado con lo anterior se hizo mucho más llevadero. Cuando recogimos a la pobre Muse de los pies nos maulló una sola vez como para decirnos que no nos olvidaramos de ella ... todo el viaje viendo nada mas que pies.

Equipaje y gatas en el aeropuerto de Bruselas-Zaventem

En el tiempo que tardamos en coger el coche de alquiler ambas volvieron a chuparse las patas y les metió en el cuerpo un poquito mas de dósis, lo suficiente para hacer el viaje en coche más tranquilo. 3 horitas más tarde estabamos en Alemania, habiendo pasado en un sólo día por 4 países... ¡ Demasiado para 2 gatas !

 Y nada más llegar, ¡ya querían salir! Demasiado campo para dejarlo escapar...

Las dificultades afianzan la amistad. Pronto se han acostumbrado a su nuevo hogar.


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