Hace algún tiempo que no escribo en este blog. No solo es por lo cansado que llego a las últimas horas del día fruto de mis numerosos viajes, sino porque para escribir, es necesario un poco de espíritu, en el buen sentido de la palabra. Hace falta tener algo que decir. Y algo que tenga sentido, sobre todo para uno mismo. Y llevaba un tiempo en el dique seco. En el camino he ido acumulando temas interesantes, que seguro que más adelante nos arrancarían una sonrisa, sin ganas de contarlos.
Pero hoy he roto este silencio y me he saltado toda esa lista porque tengo algo que decir. Este fin de semana falleció nuestro vecino el Señor Kruska. Falleció a los 91 años de edad. Descanse en paz.
No conocía mucho a Herbert, esa es la verdad. Aún así me voy a permitir llamarlo por su nombre de pila. Herbert vivía en el número 12 de Am Brunnen, en Fisch. Vivía allí probablemente desde antes de que Rut o yo hubieramos nacido. La primera vez que hablé con él (en mi aún pobre alemán) fue para intentar arreglarle el acceso a Internet que no le iba nada bien. En realidad no le iba el PC porque tenía también muchos años y no era capaz ni de cargar el sistema operativo. Me sorprendió que una persona de tan avanzada edad tuviera tal interés por las tecnologías, y sobre todo por algo tan etéreo como internet. Más tarde me enteré que tenía novia (había enviudado ya hacia tiempo) y que usaba internet para comunicarse con ella. "Ay bribón..." pensé. Al final todos usais internet para lo mismo...
Herbert (según he ido entendiendo con el tiempo) nació en algún lugar de Prusia Oriental, que hoy forma parte de la actual Polonia. No sé como aterrizó en Fisch, pero no guardaba buen recuerdo de los polacos, imagino que porque aún le dolía que su pueblo natal sea ahora Polonia. Participó en la Segunda Guerra Mundial, de la que no hablaba. No se lo reprocho, nadie querría rememorar aquel infierno, estuviera donde estuviera e hiciera lo que hiciera. Vivió la división de Alemania, el establecimiento de las nuevas fronteras. Cómo durante la guerra fría pasar de un país a otro era similar a lo que ahora vemos en los países del tercer mundo. No puedo evitar pensar en ello cada vez que conducimos de Alemania a Luxemburgo y luego a Francia o a Bélgica sin ni siquiera bajar la velocidad. Es un milagro que no valoramos. Seguro que Herbert lo tuvo que sufrir infinidad de veces.
El año pasado en el "Ambrunnenfest" ( la fiesta de nuestra calle) estuvo él, con su novia. Vestido elegantemente, para la ocasión. Me volvió a sorprender porque estaba mentalmente muy ágil. Tenía vívidos recuerdos de las cosas que habían pasado hacía mas de 30 o 40 años. Pero lo que también me llamó la atención fue lo atento que estuvo con su pareja, cogiéndose de la mano en casi todo momento. 91 y 85 años. Si estoy vivo para entonces me prometo hacer lo mismo.
Herbert preparando el Ambrunnenfest
Se que mis gatas entraban y entran en su casa. Llevamos un tiempo sospechando que Muse se ha hecho con otra familia, porque a veces vuelve con olor a miel así que la casa de Herbert parecía una candidata clara. La he sorprendido varias veces en su prado, y merodeando su granero. Cuqui también lo hace, entra por una puerta del sótano que se accede desde su fachada y allí imagino que intentará cazar ratones u otros bichos en la penumbra de la tarde.
Herbert tenía horarios de campo. Se levantaba muy temprano y se acostaba también muy temprano. En su salón tenía una televisión de pantalla gigante que cuando la encendía se podía ver perfectamente desde nuestra ventana. Debía cenar a eso de las 5 de la tarde y después miraba un rato la tele hasta meterse en la cama. En invierno, desde que llegamos a Fisch, cuando los días son muy cortos y prácticamente a las 5 es de noche, era como un ritual, ver caer la noche y encenderse la televisión de Herbert en su salón. Con este clima y tan pocas horas de luz, detalles como ese te hacen sentirte más en casa.
Al volver de vacaciones de Navidad supimos de su estado de salud. Quedaría ingresado en una residencia para que fuera mejor atendido. Tuve un mal presentimiento. No me gustan los hospitales, no he tenido buenas experiencias en ellos. Supe que ya no le veriamos de nuevo. Que su televisión no se encendería más.
No conocía mucho a Herbert, esa es la pura verdad. Pero estoy seguro de que con él, además de un trozo de nuestra memoria colectiva, se va un buen ser humano.
Este fin de semana falleció nuestro vecino Herbert. Falleció a los 91 años de edad. Descanse en paz.

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